sábado, enero 08, 2011

La Mujer Samaritana (Juan 4:1-42)

Esta mujer no podemos decir que fuera un modelo de virtudes. El hecho de que cinco maridos se le murieran no puede achacársele como culpa suya, pero sí el que, cuando fue al pozo y encontró a Jesús, estuviera viviendo con un hombre que no era su marido.

Era sin duda una mujer desenvuelta, no muy recatada, probablemente un tipo que procuraríamos evitar si asistiera a la misma iglesia que nosotros. Y sin embargo, Dios, en su Providencía dirige las cosas de tal forma que esta mujer mundana, superficial y probablemente inculta, recibe una revelación extraordinaria, pues Jesús le habla de términos de gran profundidad y simbolismo, que se reservaba para ocasiones solemnes.



La mujer va al pozo, donde se halla Jesús sentado. Él le pide de beber, pero sólo como excusa para entrar en un tema más profundo. La mujer de momento no entiende lo que dice, pero Jesús, poco a poco, le pone delante una visión espiritual y delicada que nos asombra pensar como podría ser captada por la mujer. Algunos no han vacilado en llamar esta entrevista pura ficción, una alegoría. Sabemos que fue real y conocemos el resultado de esta conversación.

La lección para nosotros es clara. Nos habla del concepto que tenemos de nuestra propia piedad: probablemente trataríamos de evitar a una mujer como la de Sicar, dándola por un caso perdido. Jesús en cambio la escogió para convertirla y le indujo a hacer una confesión de fe.

Al mismo tiempo nos reprende a nosotros porque nos consideramos buenos y nobles. Nosotros pertenecemos a los que dicen, según las Escrituras: "Apártate de mí, que soy más santo que tú." El relato de la mujer de Samaria nos deja corridos y avergonzados. La gracia de Dios permanece soberana e independiente. Busca a los perdidos, no a los justos. Lo que cuenta es si es posible tocar la conciencia. Era posible en el caso de la mujer de Samaria.

Si conocieras el amor que Dios te tiene y quien es el que te pide de beber, tú le pedirias a Él y Él te daría agua viva. Tú al igual que la samaritana, siempre con tu cantaro buscando agua, buscando quien te ame, quien te valore, quien confie en ti; Él Señor te dice: Si conocieras lo que Yo te quiero regalar, dame de beber y te transformaras tú en una fuenta de agua viva de amor y de paz, dejaras de buscar la paz fuera y el Señor se transformara dentro de ti en ese manantial de amor.

No es tan facil encontrar el agua dentro, todo nos invita a mirar afuera. Santa Teresa de Jesús maestra de oración nos decía que hay cuatro formas de encontrar agua o los cuatro grados de oración, al principio cuesta mucho porque dice que es como cavar un pozo, te imaginas, dicen que hay que cavar once o trece metros para encontrar agua, toda esa ondura tienes que cavar dentro de ti, en medio de la superficialidad, toda esa ondura hay que cavar dentro para encontrar el agua viva y ella dice con mucho trabajo al principio: No te rindas y sigue, luego es como sacar agua de una noria, dice ella, usando una rueda, bajando y sacando agua, pero igual es poquita pero ya es menos trabajo que cavar un pozo. Después ya no será una noria, sino un canal donde brota esa agua viva esa paz interior ¿Quiéres encontrar el agua viva? No busques fuera, cava dentro.

La Samaritana llevaba un cantarito como para ponerselo en la cabeza como las mujeres de oriente, su pequeño cantaro, era todo su sueño llenar su cantarito, y el Evangelio de Juan nos dice que después de encontrar a Jesús ni se acordo del cantaro, salio corriendo. Dios tiene un sueño para ti, el sueño de Dios es muchisimo más grande que de lo que tu veas o pienses, preguntale al Señor: Señor ¿Cuál es tu sueño para mí?

"Aprovecha estos días para orar, para platicar con Dios. Prepara tu corazón, prepara un lugar para tu Señor. Cuaresma 2011"

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