martes, febrero 09, 2010

A solas con Dios

1 Reyes 8, 22-23. 27-30
El día de la dedicación del templo, Salomón, de pie ante el altar del Señor y en presencia de toda la asamblea de Israel, levantó los brazos al cielo y dijo esta oración: "Señor, Dios de Israel, no hay Dios como tú, ni arriba en los cielos, ni aquí abajo en la tierra. Tú eres fiel a la alianza que hiciste con tus siervos, y les muestras tu misericordia, cuando cumplen de todo corazón tu voluntad. Si ni el cielo infinito te puede contener, ¿cómo va a ser posible, Señor, que vivas en medio de los hombres y habites en esta casa que yo te he construido? Pero ciertamente atenderás a la oración de tu siervo y a su plegaria, Señor, Dios mío, y oirás el clamor y la oración que tu siervo hace hoy delante de ti: Que noche y día estén abiertos tus ojos sobre este templo, sobre este lugar, del cual has dicho: ‘Yo estaré ahí‘. Escucha la oración que tu siervo te dirige en este sitio. Oye, pues, Señor, la súplica de este siervo tuyo y de tu pueblo, Israel. Cuando oren en este lugar, escúchalos desde el cielo, en donde tienes tu morada. Escúchanos y perdónanos".

Meditatio

Esta hermosa oración pronunciada por Salomón en la fiesta de la dedicación del templo, expresa con toda claridad y profundidad lo que Dios piensa sobre su templo. El templo, será ante todo un lugar de oración y de encuentro con Dios. Es por ello triste que muchas veces vengamos al templo únicamente los domingos y solo por rutina, llenos de tedio y fastidio. Más aun, es lamentable la actitud de muchos hermanos que traen a sus hijos y no los instruyen sobre la realidad del lugar sagrado en el que están dejándolos correr y gritar, subirse a las bancas y retozar en él como si se encontraran en el parque. En el templo debemos encontrar ordinariamente el silencio y la paz que propician la oración y dentro de nuestras asambleas, el espacio para la alabanza y la comunión. Las imágenes y demás adornos, nos invitan a contemplar las realidades celestiales infundiendo en el cristiano santos sentimientos de devoción y recogimiento. Debemos pues, recobrar el amor por la casa del Señor, de manera que nuestros hijos y las futuras generaciones vuelvan a encontrar en él, el espacio ideal para la oración y para la comunión con Dios. Esfuérzate en todo lo que esté de tu parte para que la casa de Dios sea un santuario de paz.

Oratio

Señor y Padre nuestro, tú que has querido habitar entre nosotros por medio de tu Hijo que puso su morada entre nosotros cuando asumió nuestra frágil naturaleza humana, haz que nosotros te alabemos y bendigamos en cada uno de los momentos de nuestra vida para que seamos dignos de esa presencia tuya en nuestros corazones.

Operatio

El día de hoy tendré unos momentos de tranquilidad personal para alabar al Dios que habita en mi interior y dejaré que me hable para hacer su voluntad.

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