jueves, febrero 04, 2010

El ayuno para saciar el hambre de Dios

El valor y el sentido del ayuno como "un arma espiritual" es la propuesta que presenta Benedicto XVI .
 
"Podemos preguntarnos qué valor y qué sentido tiene para nosotros, los cristianos privarnos de algo que en sí mismo sería bueno y útil para nuestro sustento", se interroga el Santo Padre en su mensaje. 

De este modo, en su propuesta para la Cuaresma, se detiene a analizar el sentido que ha tenido esta práctica tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento. 

De este modo el pontífice muestra cómo Jesús habla del verdadero ayuno que consiste "en cumplir la voluntad del Padre Celestial". 

Ejemplo que también da al responder a Satanás, quien durante los 40 días en el desierto dice "no sólo de pan vive el hombre sino de toda palabra que sale de al boca de Dios".

El Papa aclara de esta manera que el verdadero ayuno "tiene como finalidad comer el alimento verdadero que es hacer la voluntad del Padre".
"Con el ayuno el creyente desea someterse humildemente a Dios confiando en su bondad y misericordia", subraya. 

El ayuno hoy "ha perdido un poco su valor espiritual", aclara después el mensaje, pues muchas veces se reduce a una "medida terapéutica para el cuidado del propio cuerpo".

Benedicto XVI señala que la práctica del ayuno contribuye a "dar unidad a la persona, cuerpo y alma ayudándola a evitar el pecado y a acrecer la intimidad con el Señor" 

"Privarse del alimento material que nutre el cuerpo facilita una disposición interior a escuchar a Cristo y a nutrirse de su palabra de salvación" y asegura que con esta practica, junto con la de la oración "le permitimos que venga a saciar el hambre mas profunda que experimentamos en lo intimo de nuestro corazón". 

El Santo Padre resalta también el significado social del ayuno, diciendo que éste "nos ayuda a tomar conciencia de la situación en la que viven muchos de nuestros hermanos".

Por ello exhorta a las parroquias "a intensificar durante la cuaresma la práctica del ayuno personal y comunitario, cuidando asimismo la escucha de la Palabra de Dios, la oración y la limosna".
 
El Papa asegura que esta práctica es "un arma espiritual para luchar contra cualquier posible apego desordenado a nosotros mismos" . Asimismo ayuda "al discípulo de Cristo a controlar los apetitos de la naturaleza debilitada por el pecado original cuyos efectos negativos afectan toda la personalidad humana".
En definitiva, gracias al ayuno, para el pontífice la Cuaresma es el tiempo ideal "para alejar todo lo que distrae el espíritu y para intensificar lo que alimenta el alma y la abre al amor de Dios y del prójimo".

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