viernes, abril 24, 2009

¿Por qué si te quiero me haces sufrir tanto?

Es una pregunta que frecuentemente escucho en el consultorio. Generalmente asiste ella (él) sola(o) (presentaré el tema en femenino, pero puede tratarse también de casos del varón, aunque en la clínica es más frecuente en la mujer), él no desea acompañarla y argumenta o que no necesita cambiar y que es ella la que tiene problemas, o que él puede cambiar solo; o que no necesita ayuda.

Se trata de mujeres con gran capacidad de amar, de entregarse, responsables, cuidadosas de su relación de pareja, de sus hogares, de sus hijos, de sus trabajos, pero se dejan en último lugar, quiero decir, tienen dificultades para pensar en sí mismas en primera persona.

En la relación de pareja observamos que mientras que ella es muy responsable, él es más relajado y exigente con ella. Y entonces sucede que él exige más y ella se entrega más hacia las demandas de él, ya sean éstas habladas o no, porque sucede que en ocasiones no lo dicen, pero al no hacerlo, le deja toda la responsabilidad a la pareja y..... Empieza a cargarla, por supuesto, todo lo hace para ganarse la admiración y cariño de su pareja,

También existen aquellos que son muy protectores y que le dicen a su pareja que deben hacer y que no deben hacer para que estén mejor, y se los dicen “por su bien”, entonces, les piden, que ya no salgan con sus amigos, que no platiquen con sus compañeros de trabajo, o que ya no asistan a las reuniones del trabajo, por ejemplo las posadas navideñas y empiezan criticando y devaluando a todos, amistades, compañeros, a veces hasta a la familia de origen.

También utilizan a los hijos, a veces el recurso es utilizado para quitarles independencia y autonomía a sus esposas. ¿Cómo vas a trabajar y quien va a criar a nuestros hijos? Y aquí la propuesta no es feminista sino desde el punto de vista en que es puesta a sus esposas de una manera impositiva, “no trabajes”. No se trata de un planteamiento entre dos adultos que están planificando su familia y su futuro, que tienen claras las prioridades de pareja, y que pueden ser acuerdos temporales, se trata de un sometimiento.

Pero, ¿que resultados tiene esta conducta? Sucede que con el paso del tiempo ella se va resintiendo, él se va cargando más cada vez, lo ve más normal, la empieza a ver en un rol maternal (que da sin esperar recibir) y luego empieza a sentirse muy bien en su autoestima, esto generalmente lo hace progresar en el ámbito profesional.

Ella al sentirse tan abrumada, sin reconocimiento, cansada, empieza a sentirse inquieta, triste, irritable, tensa, ya no es tan alegre como antes, ni le dan ganas de salir, ni de estar con su esposo, su conversación con él se ha vuelto tensa, él la empieza a ver aburrida y llena de responsabilidades. Si ella ha dejado de trabajar, esto agrega resentimiento a la lista porque ahora tiene que depender también económicamente de él y dar cuenta de todo lo que se gasta
Para terminar de arruinar la situación, resulta que ellos al ver tan deprimida a la pareja, no entienden que le está sucediendo, pues ellos se sienten con la autoestima muy alta (están recibiendo de su pareja atenciones, afecto y además, se les escucha en sus necesidades), a la otra parte, no hay quien las escuche, o la haga sentir valiosa) así es que, después de un tiempo, de sentirse agobiada; la otra parte termina por cansarse de verla irritable, triste y apática y empieza a tener fantasías o bien, se da a la búsqueda de otra pareja.

No es posible entender tamaña traición, después de tanta entrega. Aquí es donde se toca fondo, la persona entra en una crisis, se deprime, se pone ansiosa, desesperada, no puede dormir, y llega a psicoterapia, a conocerse a sí mismos. La primer pregunta es ¿por qué me abandona?
¿Por qué no funciona, después de tanta entrega?
Porque los mensajes que se están mandando no son adecuados.

El mensaje que esta recibiendo la otra persona es: “te quiero más que a mí misma”; “tu puedes hacer lo que sea y te voy a seguir queriendo”, y esto no es sano. Una sana autoestima es cuando se pide reciprocidad y respeto hacia lo que necesitamos, sentimos y pensamos.

Es frecuente observar que cuando se quiere más a la otra persona que a sí mismo, se ha crecido en un hogar donde hubo carencia de afecto por alguna circunstancia, o porque fueron muchos de familia, o porque falleció uno de los padres y se dedicaron a trabajar desde muy pequeños, o porque los padres fueron muy reservados, o bien porque hubo muchos problemas familiares. Entonces, de manera inconsciente, se da a la pareja lo que en realidad se necesita: afecto, atención, cuidados.

Por otra parte, se observa una dificultad importante para pensar en sí mismo, en esa identidad propia: “qué quiero”, “a dónde voy”, “quien soy”, etc., entonces es más fácil pensar en el otro, en los problemas que tiene, en lo que hace, que en sí mismo, porque es una manera de evadirse, por eso a este tipo de relación se le llama codependiente, porque necesito a la otra persona para no pensar en mí, porque no sé que hacer conmigo. Es muy común observar que este tipo de personalidades, no tienen pasatiempos, deportes, distracciones, les cuesta divertirse, tienen muy claras sus responsabilidades, pero no pueden equilibrar su vida para divertirse, y disfrutar su vida.

Es recomendable asistir a psicoterapia, porque se trata de un carácter, una manera de vivir, y constantemente se va a repetir, no solamente con la pareja, también con los padres, hermanos, hijos, jefes, amistades, porque se dan sin pensar en sí mismos y tienden a ponerse en situaciones de maltrato sin darse cuenta.

Por último, otra cosa que quiero que reflexiones es que mientras que tú traes toda una estructura de pensamiento, por ejemplo: que vas a dar y la otra persona lo va a agradecer y a reconocer todo lo que has hecho. La pareja tiene otra estructura de pensamiento totalmente diferente a la tuya, es probable que hasta esté pensando “yo me merezco esto que me das y más”.

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