jueves, marzo 11, 2010

La Cuaresma y la ascesis Parte 2 de 4

Esta es la segunda parte, veremos que la penitencia no es una carga negativa, veamos la enorme bendición de vivirla de la mano de Nuestro Señor.

Y es que la penitencia actúa como una fuerza que empuja nuestras pasiones y deseos hacia el centro, poniendo límites cada vez más estrechos hasta lograr el equilibrio.
En algunos casos, agregando elementos a nuestra vida: “Ascesis positiva”; y en otros, ayudando a eliminarlos o matizarlos: “Ascesis negativa”. En ambas direcciones se supone una renuncia, por lo que esto no se podrá hacer sin la ayuda de la Cruz y del Espíritu Santo.

La penitencia cristiana, correctamente entendida, no es estoicismo, ni platonismo, sino es la “fuerza que ayuda a que los criterios y la vida evangélica pasen de la mente al corazón y del corazón a la vida diaria”. Debemos, sin embargo, reconocer que la penitencia y la Cruz, producto de ésta, pesan sobre nuestras espaldas, de lo contrario ya no sería Cruz (cf. Mt 5, 29-30); la mortificación lastima, mas en el fondo del alma se enciende un fuego nuevo, desconocido y de orden superior que basta para fortificarlo y hacerle abrazar voluntaria y animosamente los dolores y la renuncia que lo llevarán a gozar de la más profunda y jamás imaginada paz. Este fuego era el que incendiaba a los santos, quienes ante la perspectiva de haber encontrado la perla preciosa (Mt 13, 46) y el tesoro escondido (Mt 13, 44), consideraban en poco lo que tuvieran que hacer para permitir a la gracia desarrollarse en plenitud, y que a los ojos del mundo puede parecer una locura y una exageración. Pero sobre este juicio, ya san Pablo decía que “la cruz es locura para el mundo pero para los que están en Cristo es poder de salvación” (cf. 1 Cor 1, 23-24).

De aquí nace, como lo comenta el Nuevo Diccionario de Espiritualidad, la urgencia de reasumir la vivencia y lo cotidiano de la penitencia, de quitarle toda esa carga negativa que por años ha tenido, para redescubrirla como un momento privilegiado de encuentro con la misericordia de Dios, que conoce nuestras miserias y que a pesar de ellas nos ama y nos ha llamado a la santidad más elevada. Esto nos llevará sin lugar a dudas a experimentar el poder que sana el interior del hombre y que le impulsa a reemprender el camino de la felicidad, la alegría, el gozo y la paz, ya que como bien decía Clímaco: “es mediante la penitencia como nos libramos de la tiranía de las pasiones”.

El camino con el Señor es toda una experiencia... (continuará mañana).

Que Dios Nuestro Señor, los colme de bendiciones y haga crecer en ustedes el gusto por encontrar el camino para crecer espiritualmente en este tiempo de Cuaresma.

Reciban mis bendiciones


Como María, todo por Jesús y para Jesús.
Ernesto María Caro, Sac.

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